lunes, julio 06, 2009

Trama para dos ausencias

Y la perfecta trama de tus noches
se repite sin nosotros, que ignoramos
las señales que dibujan las estrellas
en lo más alto de la soledad.

Somos malos actores al interpretar
un papel en blanco ante los demás.

Pero ciertas escenas se anticipan al amor,
nos hacen soñar que somos ya
nada más que nosotros: que hablamos
con sencillas palabras,
desnudas de importancia,
tan sentidas como la verdad
que confunde nuestros rostros.

Palabras que hacen tan real la realidad,
que sólo pueden ser certeras ilusiones.

sábado, julio 04, 2009

inevitable

Amiga, desde ahora te lo advierto:
nada puede darte hoy este poema.
Lo digo por si aún esperas de mis versos
un consuelo del color cifrado de tus ojos.
Hoy sé que no es posible escribir
la primera derrota a tanta soledad,
ni el regreso figurado de esos días
que pasamos juntos frente al mar.

Estos versos son de los que amaron,
y los pienso olvidar mañana temprano,
como se olvidan las mismas miserias
que el llanto ya no puede cambiar.

¿Sabes ya que he fracasado en la tarea
de crecer evocando mis errores?
La vida me recuerda ciertos días
los pasos que nunca debí dar,
mas el silencio entonces siempre es tal,
que explicar lo que pasó
supondría gritar, gritar siempre,
hasta que el olvido despertase
de su ancestral sueño sin nombre.

Mas para entender las razones de un error
hay que volver a escribir otro principio.
Debes alojar en tu corazón
a ese amable extraño
que ha de hacerte creer en lo que sientes.
Yo he fracasado. Pero tú aún piensas
que merece la pena sufrir
pensando lo que podría haber sido.

No sabes, aún, que volverás a empezar,
que otra será tu preciada suerte.

(Y aunque yo escriba sólo para ti
los versos que leerán soñando unos pocos,
al final sé que empezarías de nuevo
aunque yo no te dijera nada al respecto.
Por eso creo que este poema no es verdadero,
nada ha de darte: no ha de tocarte siquiera.)

viernes, julio 03, 2009

Decadencia

Suelo imaginar conversaciones perfectas.
Mi mente es un teatro enloquecido,
un rincón de vaguedades absurdas.
Soy la constante invención perversa
de una realidad interior
que sostiene lo de fuera.
Mi entorno verdadero, los lazos
que estrecho cada día con la gente,
se dan en un terreno indefinido.
Pues donde dos personas se desnudan
para mostrar su identidad al mundo,
se crea un vacío incomprensible
que sólo puede llenar la fantasía.
Hoy, son las normas que soñamos
las que dan sentido a nuestros actos.

Y fantaseo en otras vidas, me empeño
en levantar un mundo en el que quepa
todo lo que ya se ha derrumbado.

Suelo imaginar un yo libre y aceptado.
Y en la vanidad de lo que sueño
está el pudor por todo lo que no hago.

jueves, julio 02, 2009

los cómplices

No podrás eludir la humana coherencia
que hoy te hace tan parecido a lo que fuiste.
Tus errores son la culpa inconsecuente
a la que debes el afán constante de ser otro:
mas negándote a ti mismo
tú también has de sufrir
el oscuro alcance de tus faltas.

Debes pulir los gestos inconscientes
que tu sombra muestra ante las fieras
que tan bien conocen tus secretos.

Mas, para ser otro que no levante sospechas,
se tú mismo y afronta cada día cuanto fuiste.
En tu defensa habrá quien hable
de la aciaga juventud de tu ruidosa sangre…
También habrá quien nombre la inconsciencia,
que explica las razones que hacen libre
al más recto de los hombres infelices.

Al final, todo quedará pendiente,
y sólo sufrirás por ellos
algún que otro reproche,
alguna zarandaja extraña
de interpretación dudosa
y explicación vana.

Mas cada paso venidero irá siempre ligado
al recuerdo de esos actos inmutables.
Pues tras la culpa queda sólo
el aceptar, tarde o temprano,
que la moral es esa ley sagrada
que sólo tiene sentido al ignorarla.

martes, junio 30, 2009

Primera luna

Temo la callada belleza de la luna
porque eclipsa la razón de quien la mira.
Su fulgor puede tornar hermosa la locura
y convertir en arte verdadero
el arte de soñar lo inverosímil.
No tiene edad su forma, ni hay explicación
que pueda convertirla en luz inerte.
La luna vive en su ancestral silencio,
aunque este en tanto nos recuerde
—eterna nada triste, olvido inadmisible—
el mismo que a los muertos apacigua.
La noche la convierte en ese guía
que pierde en la mañana su camino.
La luna es la memoria de lo oscuro,
el signo del cantor, la huella del delirio.
Mirarla es negarse a ser testigo
de toda la miseria que ofrece nuestro mundo.
Y consiste su secreto en el temor
que ya debió inspirarle al hombre primitivo.

Pues su misterio ha de ser el mismo todavía
para el que hoy desafíe su belleza altiva,
y también para aquel salvaje antiguo
que no pudo comprender,
pero que en tal enigma intuía su destino.









A Tere, por la idea...

lunes, junio 29, 2009

las noches de la noche

Todas las noches son noches robadas
a esos soñadores que padecen la verdadera luz.

Robadas a las estrellas más fugaces
de un cielo primigenio.

Porque todas las noches pertenecen
al mismo perdedor eterno que sostiene
la esperanza en sus fatídicos ardides.

Y todas las noches son la noche
en que alguien debe desistir,
incluso sin quererlo,
para que todos sepan que la vida
es también un triste contratiempo
que podría no tener remedio.

Pues cada noche es la noche
en que la suerte llega por la espalda
para premiar así nuestra esperanza:
traicionando de nuevo ese imposible
que es la confianza en un orden ilusorio.

domingo, junio 28, 2009

la raíz del problema

Para quien no sepa que el problema
son los mismos ojos que miran angustiados,
el olvido irrefutable, la causa del error,
el silencio traicionado,
no serán más que espejismos,
fantasmas que atraviesen la conciencia
sin tocar apenas las orillas
de una inmensa realidad.

La alegría es no saber de la tristeza.
Y no hay nada más real que la inocencia
de aquellos que, al no saber,
se aferran a su propia condición de náufragos
en el ambiguo océano de la verdad.

No hay felicidad. Sólo la inconsciencia
de ver como ilusión lo que hoy no existe:
el problema está en los ojos angustiados
del que juzga, sin saber, la libertad ajena
que jamás comprenderá.

sábado, junio 27, 2009

para no creer en lo soñado

Lo cierto es que jamás sabré quién soy.

Y a ciegas me interpreto amando,
volviendo solo hacia otra oscuridad.

Y como si hoy, pese a mí mismo,
fuera también otro,
supongo aún muchas opciones.
Pues la ficción en la memoria
de cuanto pudo ser perfecto,
es la explicación velada
a emplear cada vez que me arrepiento
de hallar consuelo soñando la verdad.

No me oculto: se derrumba
la profundidad de los espejos
en los que creo observar
el dudoso sueño de mi vida.

Y miento. Sé de mí la soledad.
Mas la verdad es un peso muerto
que tira de mis horas vanas:
estoy creando un sucio laberinto
del que jamás podré escapar creyendo.

jueves, junio 25, 2009

Fondo y forma

Me piden que sea sólo
forma y apariencia.
Ante la luz que a veces muestra
que soy arduo presente para todo,
mañana también querrán que sea
superficie sin abismos,
inocencia primitiva, inocencia
que no piense en el futuro
ni en otras noches imposibles
que nunca fueron ciertas.

Pretenden que sea tan escéptico
como para no creer de nuevo
en el fondo de todos los silencios.
Les gustaría que olvidase sintiendo.
Preferirían que mi conciencia fuera
lo que ellos ven en mí
cuando soy alguien más que piensa
en lo que nadie adivina.

¿No ven que no se puede descifrar
la insólita naturaleza de esa música
de la que sólo se percibe el instante?
Nota que en otra nota se transforma
quizá sean las emociones que se evaden.

Habito un hogar secreto, la mente,
en el que para entrar
tendréis que cavilar mi nombre,
hasta entender que no seré nunca
lo que veis desde fuera.

periplo nocturno

No hay precisos caminos sobre el aire,
ni preguntas que contengan nada
tan necesario
como un alma poco sigilosa.

Así, cuando nos hayamos deshecho,
tú y yo,
de los falsos principios
que rigen esta educada soledad,
seducidos sin saberlo
por las formas eternas de la noche,
descenderemos al mar embravecido
para que cure estas inciertas ansias
de tornar toda tiniebla
en infinita claridad.

Y como no hay precisos caminos
que sostengan esta luz brillante sobre el aire,
hablaremos, amor, tan a sabiendas,
aunque todas las palabras sean ya superfluas,
y sean todos nuestros males la misma soledad.